Cuando el equipo de perforación estaciona sobre el terreno potosino, el primer indicador no es la litología sino el sonido del mazo al hincar. En San Luis Potosí, donde la mancha urbana avanza sobre depósitos aluviales con intercalaciones de arcillas expansivas y rellenos heterogéneos, la determinación de la permeabilidad en campo mediante los ensayos Lefranc y Lugeon se convierte en el dato que separa un proyecto viable de uno condenado a infiltraciones crónicas. La sonda piezométrica se desciende dentro del sondeo a la cota de interés, se aplica una carga hidráulica controlada y se registra la evolución del caudal con cronómetro y transductor de presión; así obtenemos la conductividad hidráulica real del macizo, sin el sesgo que introduce la remoldeo de una muestra en laboratorio. En el oriente de la capital potosina hemos documentado valores de K que varían hasta dos órdenes de magnitud en menos de metro y medio de profundidad, lo cual obliga a planificar los ensayos de permeabilidad in situ con una densidad de puntos que pocos despachos contemplan. Complementamos esta práctica con sondeos SPT para correlacionar la resistencia a la penetración con la permeabilidad, y cuando el perfil presenta gravas cementadas típicas de los piedemontes de la Sierra de San Miguelito recurrimos al ensayo CPT para definir la continuidad de los estratos drenantes.
En el Altiplano potosino, un metro de diferencia en la cota de ensayo puede cambiar el valor de permeabilidad dos órdenes de magnitud; la densidad de puntos define la calidad del modelo hidrogeológico.
