La dualidad climática de San Luis Potosí, con un altiplano semiárido al oeste y la humedad ascendente de la Huasteca al este, genera un reto particular para quienes ejecutan excavaciones profundas en la capital y su zona metropolitana. La ciudad, asentada a más de 1,860 metros sobre el nivel del mar y con una población que supera los 900,000 habitantes, enfrenta un crecimiento vertical constante que exige sótanos de varios niveles y cimentaciones compensadas. No es extraño encontrar lentes de arcilla de alta plasticidad intercalados con tobas volcánicas parcialmente cementadas, un perfil que cambia drásticamente en pocos metros y que vuelve imprescindible un monitoreo geotécnico de excavaciones constante. Durante la fase de corte, la liberación de esfuerzos puede inducir deformaciones laterales en las ademes que, sin un control instrumental preciso, pasan desapercibidas hasta que el daño estructural en colindancias ya es visible. Para anticiparse a esos escenarios, muchos ingenieros locales complementan la lectura de inclinómetros con un ensayo de penetración estática CPT que permite correlacionar la resistencia al corte no drenado con los desplazamientos medidos en tiempo real.
Un control instrumental con frecuencia diaria durante la etapa de despalme reduce en más del 60 % la probabilidad de falla por deformación diferida en suelos potosinos.
