Una constructora en Lomas del Tecnológico nos contactó hace unos meses con un problema recurrente: la losa de cimentación de un edificio de seis niveles presentaba fisuras antes del colado final. Tomamos muestras del banco de préstamo y, al correr el análisis granulométrico completo, el porcentaje de finos pasantes del tamiz No. 200 duplicaba lo que prometía el proveedor. Era un limo arcilloso de alta plasticidad, nada que ver con la arena limosa bien graduada del contrato. En San Luis Potosí, donde los suelos varían desde las gravas aluviales del Río Santiago hasta los limos lacustres del valle, saltarse una granulometría con hidrómetro es jugarle al desgaste prematuro de cualquier estructura. El ensayo de Límites de Atterberg ayuda a complementar la clasificación cuando los finos mandan, y un estudio de SPT nos da la densidad relativa en campo para correlacionar con lo que vemos en laboratorio.
La curva granulométrica no es solo un trámite de laboratorio: en San Luis Potosí separa un relleno que drena de uno que se hincha con las lluvias del verano.
