Buena parte del poniente de San Luis Potosí se asienta sobre ignimbritas y tobas riolíticas parcialmente alteradas, mientras que en el valle predominan los sedimentos lacustres y rellenos aluviales con lentes de arcilla expansiva. Esta alternancia geológica —que vemos a diario desde la zona industrial hasta los desarrollos en Lomas— hace que la calicata exploratoria siga siendo un recurso insustituible. A diferencia de los sondeos mecánicos, la excavación a cielo abierto permite al ingeniero responsable tocar la estratigrafía, identificar contacto roca-suelo y tomar muestras inalteradas en bloque justo donde se proyecta la descarga de la estructura. En San Luis Potosí, donde la profundidad de desplante común ronda entre 1.20 m y 2.50 m para zapatas corridas, la observación directa de raíces, fisuras por desecación y variaciones laterales de color aporta información que ningún ensayo indirecto puede sustituir. Cuando el perfil revela intercalaciones de ceniza volcánica o rellenos antrópicos no controlados —frecuentes en antiguos cauces del Río Santiago—, la calicata se convierte en el punto de partida para decidir si se requiere un ensayo de penetración estándar que correlacione la resistencia a mayor profundidad.
En suelos potosinos con cementación carbonatada, la inspección directa en calicata revela estructuras metaestables que un sondeo mecánico puede pasar por alto.
